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شهادة في حق معتقل الرأي محمد المجاوي.

احد المناضلين اليساريين الاسبان الذين ناضلوا جنبا إلى جنب مناضلي حزب النهج الديمقراطي بمدريد،يكتب شهادة قيمة جدا في حق معتقل الرأي محمد المجاوي.
Se llama Mohamed el Majjoui y lleva ya más de dos años prisionero en las cárceles de Marruecos. Me lo recordaron hace unos días sus amigos y compañeros de Parla, Mohamed y Salah. El Majjaoui volvió a Marruecos en 2015 y llevaba dos años trabajando como profesor de árabe en un colegio de Alhucemas cuando lo detuvieron. Su delito fue participar en el Hirak, el Movimiento Popular del Rif, que se inició en octubre de 2017 para denunciar la precariedad y la marginación del Rif, exigiendo al mismo tiempo hospitales, colegios e industrias para no tener que emigrar y jugarse la vida en el Mediterráneo. El gobierno corrupto de Marruecos respondió a la protesta pacífica deteniendo a 2.300 personas. A Mohamed el Majjoui le han condenado a seis años de cárcel y, desde allí, junto a sus compañeros sostiene la lucha digna del pueblo.
Le conocí en Parla, en 2005, junto a sus compañeros del Espacio de la Solidaridad, un activísimo grupo de inmigrantes marroquís. Yo estaba terminando Educación Social en la UNED, haciendo las prácticas en el centro de educación permanente de adultos (CEPA) de Parla. El CEPA de Parla era una pequeña ONU, con alumnos de 27 países. Me asignaron con los profesores que impartían clases de español para inmigrantes y allí nos echamos el ojo inmediatamente. El Espacio de Solidaridad lo impulsaban militantes de Vía Democrática, un pequeño partido comunista de orientación trotskista. Algunos de ellos, como Mohamed el Morabit, Salah o Amed eran licenciados exiliados de su país y, por entonces, la práctica totalidad se dedicaba al trabajo más duro: la construcción. Trabé con ellos una excelente relación y algunos sábados me iba a su local a unas muy particulares clases de español en las que analizábamos el Estatuto de los Trabajadores, las leyes de extranjería o el convenio provincial de la construcción. En aquel enjambre rebelde, dinamizando el grupo, estaba Mohamed el Majjoui.
Reviso mis cuadernos de aquellas fechas, en las que disfruté de su sabiduría y de su inmensa hospitalidad.
23 de febrero de 2006: “Extraordinario recibimiento. Estuvimos hasta la una, debatiendo, hablando. Con Mohamed, siempre, sobre el capitalismo internacional. Repaso: la reforma laboral, CCOO, Bolivia, América Latina, la plaza de Atocha (el mercado de esclavos), la islamofobia, la necesidad de apreciar los matices, lo viejo y lo nuevo, la brocha gorda y el pincel fino…
La cama, un gran campo de fútbol, la más grande, la del dueño de la casa. Mohamed me ofrece chanclas para andar a gusto. La cocina es pequeña y se nota el desaliño de los varones. Huele a “moruno”, o sea, a sudor de hombres.
El té de la noche y el café doble de la mañana. Los ojos brillantes de Mohamed que tuvo que denunciar a la empresa (los famosos papeles…). El patrón, postergando un día y otro el contrato de trabajo.
Le pregunto por el otro compañero, que duerme en la cama. Me hace señas de que no me preocupe. “Él duerme de verdad”. Belleza del lenguaje. Castellano en los labios de Mohamed el Morabit.
15 de marzo de 2006: “Salah, hermano, dejándome de nuevo su cama, su “campo de fútbol”. Y el Moha, el niño hombrón de esta casa. Clase obrera en estado puro, la ternura de los desposeídos.
6 de la mañana: Malú en la radio, la voz rota de estas mañanas de clase obrera. Salen de todos los rincones, son decenas, centenares, miles, macutos, gorras, bolsas, la prisa inconfundible de los huidos, la prisa de quienes han de vender, entre dientes, su tiempo, su vida. De quienes sueñan con otro día y otra hora.
Comer juntos, en el mismo plato. Me acuerdo de mi padre, del gazpacho y las migas comidas en el mismo cuenco. “El pan de los ricos”, dice Mohamed. Le cuento las historias del pan negro y el pan blanco, y me dice que ahora sigue siendo así en Marruecos.
Río Tajo, Río Miño, Rio Sil, vidas obreras navegan evitando el naufragio entre toda esta agua laboriosa. Y la luna de Parla acogiendo el sueño de los honrados de estas calles fluviales.
Zapatos por todos sitios, botas, mocasines, chanclas. Y me las ofrecen una y otra vez. La pobreza no teme a los hongos, es íntima amiga de todos los microbios, su protectora, quien los calienta en sus mantas, en sus alfombras, en sus suelos. La pobreza que lo comparte todo.
Y luego el té y su arte. Tres veces ha de cambiarse el agua, hirviendo, sujetar el hervor justo en su borde, antes de desparramarse. Y luego la hierbabuena. Delicioso el té de Salah”.
La dignidad de los nadie, la ternura de los olvidados, grabadas a fuego en la memoria. ¡Libertad para Mohamed el Majjaoui, libertad para todos los presos políticos del Hirak, libertad para todos los luchadores honestos del mundo!


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